18 de Julio 2004

MUÑONES

Cuántos muñones he de lucir para que se me considere, al fin, olivo retorcido y no un hombre, aluvión y no promesa (como siempre) preterida.

Cuántas veces he de abrirme en canal y eviscerarme: soy una res colgada de un pincho en la pared, ¿no veis que ya no embisto?

Cuánto dolor, cuánta alegría, cuántos favores concedidos al vacío de una espera… a la inconcreción de un sí pero no, tal vez entonces…

Son ya tantas las paladas sobre mi cabeza, que no sé cómo he logrado eludir un destino de topo o de ciempiés.

Quizás es porque dudo, porque me reservo, será porque prefiero exhibir las contemplaciones que quedarme en esta espera del mazazo final –ese al que tiendo como oso al hormiguero o la tierra al azadón: para dormir o despertar, para ser alimentado o, en su defecto, perecer de inanición.

Escrito por JoséLuis a las 18 de Julio 2004 a las 08:23 PM
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